Tenía miedo y dejado de sufrir por ello. Despidiendo las apariencias…

La semana pasada, alguien me ha dado que pensar. Sí. Me ha dicho que era la primera vez que me leía un “Arrrrggggg”, es decir, una queja. Yo creo que ya me he expresado alguna que otra vez, pero sí es cierto que, no suelo quejarme mucho.

Hace años, muchos años, todo eran quejas para mi. Pero no quejas de las actitudes de los demás, ni quejas sobre situaciones concretas o circunstancias específicas. No. Eran siempre quejas hacia mi persona. Y eso, hace daño, acaba con la autoestima y no te permite confiar en ti ni en tu realidad.

Avanzas. Sí. Pero lo haces siendo social y políticamente correcta. Reprimes todos tus deseos de internos, apagas tu entusiasmo innovador y limitas tus pensamientos transformadores. Tienes miedo a brillar con luz propia y descubres que tu poder se está apagando: tu esencia es común a la sociedad, tu intuición existe pero habla muuuuuuy bajito y tus pensamientos se han convertido en dudas que te atacan a cada paso y decisión.

Hace años, menos años, recuperé mi poder. Un problema de salud puso a mi cuerpo, mi mente y mi vida patas arriba. Me revolucioné y recuperé mi consciencia. Pero quedaba un largo trabajo de transformación por delante… un trabajo personal que es continuo, constante, revelador y muy, un satisfactorio. Estoy disfrutando mucho y aprendiendo más. Compartirlo contigo lo hace aún más especial y satisfactorio.

Y ya hace muuuuucho tiempo que no me quejo sin ver antes el lado bueno o la solución alternativa. Si me quejo, lo hago a través de una actitud positiva para no caer en el desánimo ni en el agotamiento. Mostrar disconformidad no es sinónimo de hacer míos problemas ajenos… En esta vida, todo tiene solución menos la muerte. Otra cosa es que esa solución nos guste, o no.

¿Y quién es el culpable? El miedo. El miedo al cambio, a lo nuevo. El miedo a lo desconocido es un mal social que nos domina de un modo increíble. El miedo es la mayor herramienta de “autodestrucción” que tenemos dentro de nosotros mismos. El miedo genera desconfianza, y nos pone alerta. No nos deja respirar, nos impide ver con claridad y nuestros pensamientos se vuelven confusos.

Yo descubrí que, cuando dejas de tener miedo (al que dirán, al que pensarán…) empiezas a vivir. Descubrí que, cuando dejas de comparar tu vida, tu trabajo, tu coche, tu bolso o tus vacaciones, empiezas a vivir. Cuando dejas de caminar ,mirando hacia atrás un pasado que no volverá, empiezas a respirar ligero…

dejar ir

Foto Fuente Google Images
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